Defender la alegría como una
trinchera.
Mujer y poder en la literatura
argentina, es el libro de la compiladora Gwendolyn Díaz. Doctora en Literatura,
nacida en Estados Unidos y criada en Argentina.
Es autora de varios libros, entre
los cuales destacaré, la Narrativa de Luisa Valenzuela (1996) y Luisa
Valenzuela sin máscara (2002)
En esta antología, Gwendolyn
recoge la obra literaria femenina de nuestro país, con un eje: Poder y
Dominación. Sea por detentar el poder o estar sometido/a a él, la obra de Luisa
Valenzuela, Elvira Orphée, Alicia Kozameh y Ana Quiroga-por nombrar algunas-
nos cuentan cómo sus protagonistas desnudan el Poder en sus más variadas
formas, desde el terreno político y el privado.
Como advierte Gwendolyn Díaz “el
poder y la dominación no solo aparecen dentro del ámbito político, sino que
también se filtran en la trama de la sociedad latinoamericana, en las familias
y las relaciones sociales, las cuales tienden a estructurarse de acuerdo a un
esquema patriarcal” (GD: pág. 18)
Atravesadas por un período
nefasto de nuestra historia argentina, la dictadura cívico clericó militar, estas
escritoras decidieron escribir para redimirse del horror.
Es el caso de Alicia Kozameh,
oriunda de Rosario, activista política, encarcelada por ser miembro del Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Estuvo encarcelada tres años hasta
que gracias a Amnistía Internacional fue liberada. No obstante siguió
perseguida por las autoridades motivo por el cual eligió aislarse en
California.
Cuando hablamos de Dictadura y
más precisamente del lugar de las mujeres durante la Dictadura. Se las asocia
directamente como víctimas del horror, la desaparición forzada personas y el
robo de bebés. Poco se dice, de su potencial revolucionario. Por esta razón
elegí el cuento de Kozameh Bosquejo de alturas.
En bosquejo de alturas, el
protagonista es colectivo. Es un grupo de presas políticas, que trenzan la
sororidad a sabiendas de ser hostigadas y censuradas por la represión
organizada de los 70’.
“Por lo menos treinta cabezas. Y
todas sin desordenes genéticos. Seiscientos dedos. Trescientas de manos y
trescientos de pies” (GD: 332)
Dominantes y dominadas. Este
grupo encuentra desde el humor y la alegría una forma de dar vuelta el dualismo
mencionado. Apuntando a la voz de mando una y otra vez amenazante.
Las prisioneras se encuentran en
un sótano, se reúnen para hacer una obra teatral con figuras como Cleopatra y
Julio Cesar. Hasta que la celadora irrumpe diciendo: Señoras, no se olviden de que ustedes son presas. Y saben muy bien que
está prohibido el teatro acá abajo. Entreguen la sábana”. La sabana hacia a
la vez de telón. Ante esta irrupción, Cleopatra se aventura, desafiante: “Si la quieren sáquenla ustedes” (GD:
336)
El relato nos demuestra que aún
en las peores condiciones había lugar para la alegría. Sin embargo estas presas
tenían conciencia de su situación, y expectantes esperaban noticias del afuera:
Tres delincuentes subversivos fueron
abatidos por fuerzas combinadas del ejército y de la policía, en un operativo
regular, llevado a cabo en horas de la madrugada de ayer… uno de ellos mujer
joven con varios meses de embarazo, éstos resistieron provocando un tiroteo en
el cual los tres terroristas resultaron muertos, emitía una radio
desvencijada encanutada entre las treinta mujeres.
En entrevista con Gwendolyn Díaz,
Kozameh afirma-No importaba lo asustada que estuviéramos, lo hambrientas que
estuviéramos, lo mal que nos trataran, nuestro espíritu humano no estaba
aniquilado y eso nos daba una sensación de poder incluso en tales condiciones.
-¿Cómo es que podías experimentar
una sensación de poder en la cárcel?- pregunta Díaz.-Hay una enorme diferencia
entre los presos comunes y los presos políticos. Los presos políticos,
especialmente los presos políticos de la Argentina… tenían profundas
convicciones políticas… Sentíamos una enorme solidaridad en la lucha por la
causa común de traer justicia a nuestro país.
En la misma línea las sufragistas
del siglo XIX tras ser apresadas como presas comunes y no políticas como ellas
se reinvidicaban afirmaban lo siguiente:
A menudo estábamos fatigadas, contusionadas o asustadas. Pero eramos
tan felices como nunca lo habíamos sido. Compartíamos con júbilo una vida que
nunca habíamos conocido”[1]
En el caso de Kozameh su
experiencia como presa política en la Cárcel de Villa Devoto, junto a un grupo
de mujeres tiñe el relato en Bosquejos de alturas.
Somos este sótano, este nudo apretado de la historia, somos la fuerza y
el ingenio con que nos desatamos. Somos la soldadura y cada chispa. El cuerpo
de todas somos…Su sangre, somos y los huesos…Las distintas maneras de morir y
de estallar en rias. Somos la destrucción del escenario y las infinitas
opciones para reconstruirlo…
La fuerza de la unión, la
sororidad -tan mentada en este siglo- enciende en Bosquejos de alturas, la
chispa de la revolución, el ideal de un mundo mejor.
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